Hace poco me he encontrado con dos situaciones opuestas que ilustran dos extremos a los que puede llegar nuestra visión como capacidad de interpretar el entorno, el de la negación (consciente o inconsciente) y el de la intuición.
Hay un documental del año 2010 titulado "Inside Job" que intenta explicar y divulgar las razones de la crisis financiera de 2008.
Allí alguien habla acerca de los ejecutivos que diseñaron y expandieron el uso de ciertos productos financieros, los "Derivados" en particular, que causaron la caída del sistema en su totalidad y dejaron a millones de personas en un nivel de pobreza. Los describe de esta manera:
"En general esta gente es marcadamente estrecha en el foco de su vida. Su existencia tiene tan solo dos aspectos; su trabajo y como gastar lo que ganan. Mas allá de eso el mundo no existe. Viven en una burbuja carente de reflexión, en un mundo irreal donde las consecuencias de sus acciones les parecen tan lejanas que directamente no las registran en su manera de pensar."
El otro extremo lo he encontrado en un libro que esta leyendo Clara que se titula "Mujeres que corren con los lobos". Allí habla de la intuición y dice:
"Y, sin embargo, gracias a esta luz (la intuición) afloran a la conciencia los milagros de la belleza profunda del mundo y de los seres humanos. Con esta penetrante luz podemos ver un buen corazón más allá de una mala acción, podemos descubrir un dulce espíritu hundido por el odio y podemos comprender muchas cosas en lugar de quedarnos perplejos. La luz puede distinguir las capas de la personalidad, las intenciones y los motivos de los demás. Puede distinguir la conciencia y la inconsciencia en el yo y en lo demás. Es la varita mágica de la sabiduría. Es el espejo en el cual se perciben y se ven todas las cosas. Es la profunda naturaleza salvaje."
Pienso que una visión estrecha hace que no distingamos mas allá de nuestros zapatos volviendonos pequeños y limitados. A cada momento estamos solitarios a merced del mundo entero y el mas mínimo de los in-convenientes amenaza nuestra realidad. Un permanente estado de tensión y ansiedad.
Por el contrario, la expansión de la percepción disuelve el contorno de la piel y ya no estamos tan solos e indefensos. Al amplificar nuestra visión con el mundo que nos rodea estamos integrándolo a nosotros, e integrándonos nosotros a el, creando una realidad donde los enemigos no existen y cada momento es una curiosa novedad. Así se libera espontáneamente la inteligencia necesaria para encontrar cada momento y una verdadera energía sanadora esta a plena disposición.
(photo credit: Gyan Lopez)

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